![](/wp-media/2008/07/luggage-and-delilah.jpg «Luggage and Delilah»)Los últimos días han sido una auténtica locura. Me fui de Vermont el domingo después de terminar de hacer las maletas y preparar la casa para la temporada de esquí. Los últimos días en Nueva York han sido una auténtica carrera: devolver el coche de alquiler, enviar los últimos envíos por correo y FedEx, devolver las matrículas, dar de baja el seguro, poner a la venta en Craigslist algunos artículos que me sobraban, certificar documentos ante notario, devolver los decodificadores de televisión por cable, volver a hacer las maletas, etc. Por mucho que me haya preparado, parece que todo se está dejando para el último momento. Pero ya no hay vuelta atrás.

Salgo hacia el aeropuerto dentro de unas horas y me voy a dar mucho tiempo de sobra para facturar todo el equipaje. Siempre me he preguntado, cuando estaba en el aeropuerto, quiénes eran esas personas con tantas maletas. Pues bien, hoy esa persona voy a ser yo, porque por mucho que lo intentara, ¡al final me he quedado con doce maletas! Sí, cinco bolsas de viaje, tres maletas, un transportín para mascotas, una mochila y dos maletas de mano grandes. He estado reorganizando y pesando todas las maletas para asegurarme de que no superen el límite de 50 libras (por supuesto, es probable que mi báscula no coincida con la de Delta y tenga que pasar un rato en el aeropuerto repartiéndome las cosas entre las maletas). Así que hagamos unos cálculos rápidos: 2 maletas por persona = gratis; 4 maletas extra a 150 dólares cada una = 600 dólares; 1 Delilah (la perra) = 100 dólares; TOTAL: 700 dólares extra. ¡Espero que no me cobren ningún recargo por exceso de peso o de tamaño!

¡Me voy a seguir reorganizando las maletas y a dar unas vueltas!